martes, 15 de abril de 2008

LA DONNA È MOBILE

Otra de las canciones 'bandera' de los machos Alfa.
De la misma manera que las veletas cambian de dirección según sople el viento, de esa misma forma la mujer cambia de pensamiento, de palabra, de obra. Lo que por la mañana era blanco por la noche es negro. Donde dije digo, digo Diego.
¿Quién coño es ese Diego, cabrona? -Perdón, no lo habré dicho en voz alta-
Y por si fuera poco encima te justifican 'racionalmente' los dos argumentos, en cada momento el suyo, descaradamente opuestos, los sofistas eran bebés comparados con ellas, simples lactantes que no tienen nada que hacer con ese poder embaucador, sibilino, cautivador, tergiversador, falaz, engañoso, y sobre todo, lo que es mucho peor, disfrazado de "ternura", "belleza" y "amor". 'Amigos tengan cuidado ahí fuera' y no se fíen de ninguna. Y para llevarlo siempre presente, lo mejor es recordar a Verdi. Saludos Alfas.

La donna è mobile
Qual piuma al vento,
Muta d'acento
E di pensier.
Sempre un amabile
Leggiadro viso,
In pianto o in riso
E'menzogner.

E'sempre misero
Chi a lei s'affida,
Chi le confida
Mal cauto il cor!
Pur mai non sentesi
Felice appieno
Chi su quel seno
Non liba amor!



La mujer es voluble
como pluma al viento
cambia de dicho
y de pensamiento.
Un rostro agradable
y hermoso,
entre risas o lágrimas,
es siempre falaz.

¡Siempre es desgraciado
quien a ella se confía,
y le entrega,
incauto, su corazón!
¡Pero nadie se siente
del todo feliz
quien de su pecho
no bebe el amor!

2 comentarios:

Ron Bomba dijo...

Se podría decir también: en la mujer no es que todo cambie, sino que no hay nada. Por eso, desde fuera, parece que el interior de ellas es muy complejo, pero nada más lejos, shashos. En ellas todo es escaparate (bendito escaparate en algunos casos, bien sür), y en pocos años se viene abajo con todo el equipo.

Alfa Romeo dijo...

¡Sí señor, Sr. Vertising! Como muy bien recuerda usted a veces, en cuanto a una mujer, "de lo que te diga, no te creas nada, y de lo que veas, creete la mitad". La razón ya la ha apuntado Ron Bomba: el aparente misterio de las mujeres consiste en que, en general, son sacos de hormonas sin los que parece que no podemos vivir, pero en los que tampoco se puede confiar, pues ni ellas mismas son dueñas de sus procesos interiores, generalmente irracionales. Es tarea de un alfa precaverse frente a la mujer, no sólo por su bien, sino también por el suyo, y aprender a convivir en un contexto social que hace de la mujer un animal cada vez más salvaje.
Y ahora que vengan las feministas y que me desollen. Si alguna mujer encuentro que valga la pena, que realmente pueda ser más sensible que un hombre sensible, me haré feminista sin dudarlo.