domingo, 18 de mayo de 2008

Explicación del Cuarto Mandamiento alfa. Reflexiones sobre la amistad y el amor (y sin fotito ni na! A palo seco!)

Hay amiguetes, amigotes, “amigas”… pero la amistad, en sentido pleno, es cosa de dos y dos personas son amigas cuando son capaces de quedar para hacer un café y comparitr intimidades personales en confianza. La amistad no tiene otro objetivo que éste, el de compartir, el de reconocerse, el de una comprensión libre de recelos. Un amigo está para lo bueno y para lo malo; en lo malo se sabe quién es verdaderamente un amigo, y, como se suele decir, quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Entre polos sexuales opuestos no puede haber verdadera amistad, pues ésta sólo puede darse de manera efímera e instrumental. Entre polos sexuales opuestos sólo pueden establecerse, en este caso, alianzas transitorias, armisticios en función de intereses específicos, como el de sondear la posibilidad de ser “más que amigos”, averiguar algún secreto del sexo contrario para usarlo en posteriores situaciones de galanteo, o para hacer “intercambio de cromos” (“yo te ayudo con éste si tú me ayudas con aquélla”). En cuanto se aclaran o se agotan estos intereses, el sentido de la relación de “amistad” entre polos sexuales opuestos se extingue, y la que sobrepasa un cierto tiempo prudencial conduce al desequilibrio funcional al menos a una de las partes. Nadie en su sano juicio querría mantenerse en esta situación de falsa amistad, y mucho menos después de haber acabado una relación de pareja. La mujer que así lo pretende sólo puede ser definida de una de las siguientes maneras: en el mejor de los casos, como una verdadera inconsciente inmadura, y, en el resto de casos, como una egocéntrica de baja autoestima que pretende henchir su orgullo esclavizando al mayor número de hombres, como una buscona interesada en algún otro tipo de provecho egoísta del hombre, o, simplemente, como una sádica y desquiciada maltratadora, en todo caso, sin cuidado por el equilibrio emocional de otras personas.

Un alfa, en cambio, es digno y honorable… no hace prisioneras. El alfa comprende esta realidad y sabe que no puede entablar con una mujer una auténtica relación de amistad, pues en ella se esconde siempre un enemigo que guarda alguna reserva, algún engaño, incluso en la alianza, y, aún así, respeta y es, por tanto, digno de respeto. El alfa sabe que en el amor hay que manejarse como en la guerra, y para la paz se requiere siempre un continuo esfuerzo político de tregua.

Entre un alfa y una mujer sólo cabe propiamente el amor, y el amor no es algo que surja, sino algo que se construye, que se logra; no es algo que se da de forma natural, sino algo que se debe aprender; no algo que está sin más, sino algo a lo que hay que aspirar. El amor no es ciego, sólo el enamoramiento es irracional. He aquí la confusión que hace hoy en día del amor un fracaso y una fuente constante de frustraciones: uno se siente innatamente incapacitado para el amor cuando, en realidad, ni siquiera lo ha intentado.

El amor es un proyecto que se puede emprender desde una “amistad” instrumental, a la que no le asiste entonces otro encargo que el de responder a la pregunta que plantea: la de la afinidad erótico-amorosa entre dos personas. También puede emprenderse desde el enamoramiento, esa trampa de la naturaleza que nos impulsa a aproximarnos por el bien de la especie; pero del enamoramiento, de la pasión, sólo puede continuarse el amor si está seguido del compromiso de ambas partes, de la voluntad de trabajo por la construcción de la mayor y más titánica, ambiciosa y deseable de las empresas; de otro modo, el enamoramiento es simple pasión efímera, animal, y no pocas veces resulta de nuevo en un abuso para una de las partes, la parte, en general, más comprometida y racional.

En conclusión: ¡muerte a las princesitas de todo tipo, indignas de respeto, en especial a las que no saben lo que dicen cuando se creen muy maduras y "románticas"! (sigue al Cuarto mandamiento: entrada del 11 de abril de 2008)

3 comentarios:

Sr. Vertising dijo...

Se olvida Sr. Alfa Romeo que un hombre y una mujer, sí que pueden ser amigos, entre una mujer y un gay. Pero este caso es una excepción y seguramente que confirma su aceptable y bien argumentada regla. Así queda que un hombre y una mujer nunca pueden ser amigos, demasiada tensión sexual en el 'ambiente'.

Ron Bomba dijo...

Decía el marqués de Vilallonga (o de Villalonga, nunca lo recuerdo) una gran verdad: sólo puedes ser amigo de una mujer una vez que te la has follado. Hasta que eso no sucede, muchas cosas estropean la relación, la más importante la tensión sexual implícita, que ellas manejan mejor que nosotros. Ron Bomba está de acuerdo: sólo puedes escuchar bien lo que dice la boca de una hembra una vez has probado cómo se comporta su otra boquita, la de abajo.

saludos alfa

Alfa Romeo dijo...

No pretendía hablar estrictamente de tensión sexual, Ron Bomba, sino de implicación sentimental, aun cuando en ella, por supuesto, la cuestión sexual juega un papel no poco importante.